domingo, 19 de febrero de 2012

Falacia

En uno de mis numerosos paseos por el mercado de argumentos, viví la experiencia que me dispongo a relatar:

Como ya habéis podido comprobar, el mundo de las ideas es un tanto abstracto y singular. En un mercado humano, es normal encontrar toda clase de trastos, barro seco, trozos de tela, animales muertos... pero lo que se vende en un mercado de ideas es mucho más útil que todas esas patrañas. En los mercados de ideas se compran y venden argumentos. Los argumentos dan sentido a las ideas, y son nuestra forma de subsistir. Algunas de las ideas viven mediante argumentos reales y verdaderos, pero, por suerte o por desgracia, no todas pueden permitírselo. Con este hecho está relacionado mi historia.

Caminaba por las amplias calles del mercado. Cientos y cientos de ideas compraban su ración de argumentos diarios. Llamó mi atención un puesto especialmente ruidoso, debido al gran barullo de ideas que se habían arremolinado a su alrededor. El vendedor anunciaba su mercancía a voces para llamar la atención:


-¡Los mejores argumentos que pueden encontrar! ¡Para las ideas más pequeñas hasta las más grandes! ¡Los miren por donde los miren, siempre son ciertos! ¡Acérquense! Eh, los de ahí, no toquéis tanto...


Algunas de las ideas se habían acercado a verificar los argumentos. Esta era la única manera de comprobar que eran frescos y de calidad, mas el tendero se mostraba reacio a enseñarlos mucho.


-Pero... esto es raro...-uno de los clientes más avispados estaba dudando-. Esto... ¡Esto es una falacia!


Todo el mundo que allí se encontraba se sorprendió y muchos empezaron a gritar.


-¡Guardia! ¡Guardia! ¡Están intentando vender una falacia!


La máxima autoridad del mundo de las ideas es la Guardia de la Razón. Bajo ella, Ley impone orden con su espada. La venta de falacias es uno de los delitos más graves aquí. Las falacias parecen argumentos verdaderos y verificables a primera vista, pero son en realidad falsos, y su fin no es otro que acabar con la verdad. Una idea que se alimenta de estas falacias es ilógica, y eso irrita enormemente a Razón.

El comerciante recogió rápidamente su puesto y salió corriendo, pero, por lo visto, ya había vendido unas cuantas unidades antes de que lo descubriesen. ¿Quién se fiaría de una idea que se alimenta de tal basura?

viernes, 17 de febrero de 2012

Psique

Recuerdo encontrarme unas ideas compañeras bastante curiosas:


-Hola, soy Yo.

-¿Perdona?

-Dije que soy Yo.

-¿Eres tú?

-¿Cómo que Tú? ¡Como puedes confundirme con ése! Yo soy Yo.

-Así que tú eres Yo...

-Vaya, veo que al fin te has enterado.

-¿Quién es, Yo? - dijo una voz detrás de mi.

-Tranquilo Superyó, sólo es un conocedor. Por cierto, no me has dicho como te llamas.

-Bueno, en realidad no tengo nombre, pero puedes llamarme Idea.

-¿No ves?-intervino de nuevo-. Ni siquiera tiene nombre. Ten cuidado, no parece buena gente.

-¡Oh, vamos, deja al chico, grandullón!-una tercera voz se incorporó-. No le dejas divertirse nunca.

-¡Ello, te tengo dicho que no te metas en esto!-el tono calmado pero desconfiado de Superyó se tornó agresivo-. ¡No haces más que causar problemas!

-¡Eh! Si no fuera por ti, aquí no habría ningún problema.

-Por Deidad, otra vez no...-masculló Yo, desanimado.

-¿Suele ocurrir esto a menudo?

-No te lo puedes ni imaginar... Siempre intento que se calmen y recapaciten, pero no hay manera... Es cierto que Superyó a veces tiene razón, pero de vez en cuando tengo que dejarlo distraído para que deje en paz un rato a Ello. Si no, esto sería aún más insoportable.

-¿Entonces por qué vas con ellos?

-Es inevitable, por desgracia. Siempre que intento escapar ellos aparecen, tarde o temprano. Es como si no pudiéramos vivir cada uno por su lado.

-Sin duda formáis un trío bastante peculiar-antes de que pudiese formular otra pregunta, Superyó y Ello se acercaron a nosotros peleándose.

-¡Y qué pensaran las demás ideas! ¡Eso es inmoral!-gritaba Superyó.

-¡Qué pensaran, qué pensaran!-Ello hacía una imitación burlesca de Superyó-. Eso es lo que dices siempre, pero ¿cuándo nos divertimos aquí? ¡Esto es un muermo!


En una pelea de ideas el único daño distinguible es el causado por argumentos. Por hacer una analogía, sería similar a las peleas físicas de humanos. Aquella singular batalla en concreto no parecía acabar nunca.


-Siempre igual... Habrá que esperar a que gane alguno de ellos. Lo siento, tengo que vigilarlos, espero que nos volvamos a ver... en mejores condiciones.


Y así Yo se despidió de mi. ¿O fue Él? Creo que estoy un poco mareado...

Nacimiento

Nací. Un hecho señalado. No es algo que ocurra todos los días. Si fuera un humano, quizá no sorprendería tanto: los humanos son de usar y tirar. Aparecen y se van. Pero yo no, yo no soy un humano. Yo soy una idea.

Perdonad mi descortesía, me gustaría presentarme, mas no conozco mi propio nombre. Eso no es un problema en el mundo de las ideas, pero por lo general acostumbramos a tenerlo. Aún así, aquí no es necesario, todos nos distinguimos bastante bien en la mayoría de los casos. Así que agradecería que, para referirse a mi, a partir de ahora me llaméis Idea.

Este mundo es un tanto peculiar. Todas las ideas existen aquí, todas sin excepción. Las hay desde las más simples e indivisibles, como “A”, hasta las más complejas y abstractas, como Honra. Más pedantes, como Traqueotomía, y más humildes como Ser. Y luego, claro, está Verdad. La idea más perfecta de todas, dicen. Debe de ser un singular personaje, ya que todo el mundo habla de ella. Sin embargo, nadie ha conseguido conocerla todavía. Me gustaría conocerla algún día y preguntarle por qué es así.

Como ya dije, nací. El nacimiento de una idea no es algo apto para su comprensión. Por ello, y por que aquí ocurre realmente a menudo, a nadie le sorprende y lo ignora. Lo que verdaderamente es sonado es la muerte de una idea. Es, dicen, el evento más extraño de todos, ya que las ideas no solemos tener problemas para sobrevivir, unas mediante una vida más sencilla y otras más a sus anchas. A veces, algunas ideas nacen, pero duran sólo un momento. En este caso, tampoco se le da mucha importancia y también pasa desapercibido.

Crecí con dos ideas: Diccionario e Indiferencia. Jugar con Diccionario fue muy útil, ya que aprendí a reconocer a muchísimas ideas diferentes, algo bastante ventajoso. No puedo decir lo mismo de Indiferencia. El mayor ejercicio que pude ver que hiciera es encogerse de hombros. Antes de continuar debería aclarar una cosa: crecer, para una idea, es también diferente para los humanos. Como dije antes, morir es algo raro aquí, así que el crecimiento no iba a ser menos. En algunos casos las ideas crecen excesivamente, y sólo en pocos casos permanecen así, lo más normal es que vuelvan a encoger, incluso más que antes. Otras veces crecen poco a poco y, antes de que te des cuenta, ya son bastante importantes. Esto se debe a que, con frecuencia, las ideas cambiamos de compañía y algunas, como yo, nos dedicamos simplemente a conocer otras ideas. Se nos conoce, valgan todas estas redundancias, como conocedores.